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Gris rompeolas de una rebeldía obcecada


Desde las letras acomodamos los dados de la confusa historia, en caliente, pisando huevos vanidosos, soplando la rancia niebla de los medios, escabullendo el ladrido y la mordida de los que te quieren acallar, o reconducirte hacia el adorno rastrero de su posición privilegiada, agua bendita para ratas prontuariadas.

Seguimos adelante, confiando en nuestros pergaminos conseguidos en la universidad de la vida, en la sumatoria de cultura universal digerida tan arbitraria y gustosamente en las bibliotecas públicas y en los bares de mala muerte que sobrepueblan nuestra memoria.

Falleció el viejo Castro, ya no el joven de Sierra Maestra. Mi abuela, admiradora incondicional, habría estado muy triste, pero ella murió pocos meses antes. Tenían la misma edad. Castro fue la esperanza no solo de ella, sino de millones de chilenos en tiempos difíciles, de persecución, de hambruna. También admiré el socialismo castrista. Era la antítesis a nuestra dictadura opresiva de extrema derecha. El castrismo era una guía de bolsillo sobre cómo mantener a raya a un imperio. Me hubiese gustado vivir allí. No tengo ambiciones materiales, solo libros, un café para Joyce, un mate amargo y muchos amigos parlanchines y cultos recitando a Yevtuchenko junto al malecón. Sé producir mi alimento. Puedo ayudar a otros a hacer lo mismo.El resto me importa un carajo. La isla se aviene con mi carácter, el gris rompeolas de una rebeldía obcecada, la linterna verdeolivo alimentada por la codicia humana. Si no hubiese leído a Reinaldo Arenas, a Heberto Padilla, a Cabrera Infante, a Manuel Gayol, me quedaría callado, en actitud solemne, porque atacar el castrismo es cosa bien vista en la fastuosa derecha mundial. Y yo soy un antiderechista recalcitrante. Y lo lamento por los que fueron perseguidos, los que abandonaron la isla ejerciendo su legítimo derecho a buscar su propio horizonte. Pero la isla tiene educación y salud que nosotros nunca tendremos bajo estos yugos de corrupción liberal. Dignidad sin lujos de la que nunca disfrutaremos entre tanta injusticia, inoperancia y miseria. 

Volver al ring

A veces me pierdo de este blog. Imprevistos, bifurcaciones, volver tanto la mirada. Y olvido lo que había empezado. Nabokov lleva en stand by varios meses. Lo sigo leyendo en sueños. Y ni hablar de Joyce que acumula polvo sobre mi velador izquierdo. Les dedico el mejor tiempo posible, pero ese tiempo nunca llega. Mientras tanto he intentado resolver asuntos, ovillos de problemas, y en realidad no he resuelto ninguno. Es noche calurosa de diciembre. Huele a pan de pascua. A dulce de frutilla. Me han obsequiado un mate paraguayo de palosanto. Lo cebo y aspiro escuchando a Monteverdi. Y es porque no me recuerda a nadie. Mis antepasados de ese lado deben llevar mucho tiempo dormidos. Los acordeones franceses sí están a tres pasos. Me ponen en actitud de batalla. Debo ser un soldado napoleónico desertor, un espíritu con sentimiento de culpa, sediento de ron, deportado de arriba y abajo. O un heroico cadáver bien conservado. Una ilusión macbethiana, un pobre actor, una sombra que camina. He recuperado mi ordenador. Andaba con embotellamiento de palabras. Me siento incómodo usando ordenadores ajenos. No tienen mi caos, mi arbitrio, mis autores en primera línea, y si escribo en ellos no puedo salir de cierta circunspección. Y ser narrativamente diplomático es perder el tiempo. 

Santa paloma

En tiempos pretéritos escribí bastante sobre las escaramuzas financieras de Piñera. Con ello creía contribuir a la limpieza de nuestra dignidad republicana. Pero a la larga me aburrí porque Tatán siempre salía indemne de toda culpa, y más encima victimizado. Por esto me ahorré tiempo y disco duro y me dediqué a menesteres más provechosos. Pero nuevamente el ex presidente me hace salir al ruedo. De verdad no me las puedo aguantar, aunque sé por experiencia que en pocos días la propia prensa controlada lo investirá de santa paloma. 

El asunto esta vez es que se reveló que Piñera, siendo presidente, mantuvo grandes inversiones en pesqueras peruanas justo cuando se desarrollaba el litigio marítimo entre Chile y Perú ante la Corte Internacional de la Haya.

Recordemos que en plena campaña presidencial del 2009, Piñera creo un fideicomiso ciego que agrupaba su participación empresarial “con absoluta autonomía y sin ninguna información". Pero este fideicomiso no incluyó su participación externa, que a través de Bancard International Investment, sociedad domiciliada en el paraíso fiscal de las Islas Vírgenes Británicas, hizo de las suyas durante su período presidencial. Los socios de Bancard son el propio ex mandatario, su esposa Cecilia Morel y sus hijos Sebastián, Cristóbal y Magdalena. Fue precisamente Bancard quien invirtió acciones en la peruana Exalmar justo en medio del litigio entre los dos países. Litigio que finalmente favoreció a Perú, otorgándole una considerable franja de mar en una de las zonas pesqueras más ricas del planeta.

Actualmente la Unidad de Análisis Financiero del Ministerio de Hacienda (UAF), servicio especializado en impedir el lavado de activos, está recabando antecedentes sobre eventuales delitos asociados a las operaciones de la sociedad de Piñera en el extranjero: Bancard International Investment.

Pero como predictólogo de la buena imagen de Sebastián Piñera, puedo asegurar que una vez más se sacudirá su saco de este polvillo circunstancial y seguirá indemne y fortalecido su camino de regreso a la Moneda.





Las zancadas de Guillier


El duopolio y los grandes empresarios ya designaron candidatos presidenciales. Sin primarias, sin encuestas, sin discusión. Ricardo Lagos y Sebastián Piñera son la garantía de que nadie les tocará los huevos. El continuismo inalterable del sistema más injusto del planeta. Pero asoma Alejandro Guillier, hoy senador, ayer periodista ancla de varios noticieros, moderador de programas políticos, jefe de prensa. Persona creíble, carismática, bonachona. La gente lo quiere porque no lo asocia con traumas pasados o con engaños a su billetera. Hay algo paternal y cercano en su presencia, barbita canosa de hombre sabio, reposado, que comprende, que empatiza con los humildes. En el socialismo ya quedó la escoba y parte de la hueste se fue con Guillier. El senador periodista recorre Chile recolectando amigos en derechas e izquierdas, entre indecisos, despolitizados, desposeídos y entre una enorme clase media siempre al borde del abismo. Ya se asoma como una carta ganadora para las presidenciales. El empresariado lo observa cauteloso. Los grandes partidos se esmeran en generar argumentos tramposos para menospreciarlo, para bajarle los humos. Pero hasta ahora todos los intentos por socavarlo han sido infructuosos. El se deja querer mientras se dispara en las encuestas. No tenemos un gobierno radical desde 1952, y aunque el de González Videla no es santo de la devoción de nadie, sí tenemos a Pedro Aguirre Cerda como el presidente más querido de nuestra historia. Un radical de tomo y lomo que vivió y murió por los humildes, por engrandecer la patria, por darle educación, salud y trabajo digno a todos los chilenos. Hoy el radicalismo parece querer volver por la puerta más ancha de la mano del periodista Alejandro Guillier.

Capitán Fantástico


Tu ira encaja tan bien en medio de ese bosque. Setas para tu hambre, disciplina de sobrevivencia, cuchillos largos, dormir bajo la lluvia, Glen Gould, una guitarra, un pandero, una copa de vino y la alegría de no obedecer a ningún amo. Te bastan los libros, Hamsun a la luz de una vela, ese diálogo de mentes generosas, la lucidez de los que perciben un sol envejecido, el planeta vistiéndose de ataúd. 
Eres escritor de trinchera. No halagas. No seduces. No ganas. Solo combates, y de paso te burlas mostrando el trasero. Es tu locura y no puedes arrastrar a otros. Estás en lo correcto. Noam Chomsky lo está. A menudo Zizek. Pero estás condenado a perder, porque lo políticamente correcto te descerraja el alma, esa mordaza a favor de los que viven y mueren en su error. No tienes mayores contradicciones, solo respeto por los borregos, compasión por los que no entienden. Te arrodillas para esperarlos.  Y ese respeto y esa compasión y esa espera te cuestan tan caro, porque tu vida también se desvanece. Y en tu religión no hay paraíso, ni justicia, ni redención, solo estas manos, solo este ahora, solo este soplido de fiera atrapada.
Pero iba a escribir sobre Capitán Fantástico. Película reciente protagonizada por Viggo Mortensen. Un tragicómico caramelo de la industria para los antisistemas del mundo. El sueño de Thoreau. Las ideas de Chomsky articulando los días. Una familia viviendo su propia revolución en la selva. Pero con libros, con pequeños autoeducándose, cazando, recolectando, preparando sus cuerpos para el enfrentamiento, para la sobrevivencia en condiciones extremas. Reuniones en torno a una fogata. Diálogo informado, respeto entre pares. Sentido de tribu. Guitarreo en la penumbra. Vitalismo en los huesos. La rebeldía llevada al extremo. Y sus consecuencias. Buenas actuaciones. Fotografía soberbia. Música estremecedora. Antítesis creíbles, inevitables, tal como la opción final. Porque dentro y fuera del sistema estamos carcomidos de soledad.

Imagen: Fotograma de Captain Fantastic.
La película puede verse a través del siguiente link:
http://miradetodo.net/capitan-fantastico-2016-1080p-full-hd/

Arbitrariedades de la memoria


Mi libro Tordos en la niebla se trata de eso. Arbitrariedades de la memoria, destellos de alegrías pasadas, dolores que nunca cicatrizaron, humillaciones cinceladas con hierro caliente, emociones en permanente fuga que solo pueden ser retenidas con un atrapa mariposas de palabras. La memoria es tan chúcara, tan engañosa, tan escurridiza, que debes picanearla continuamente como a un buey adormilado. El peligro es que te transformes en un juez vengativo, en un pintor impresionista, en idealizador de cosas que quizá nunca ocurrieron de la forma que te empeñas en mostrar. No resulta fácil hilvanar recuerdos cuando los personajes siguen viviendo tan cerca, cuando los villanos de mi infancia no reconocieron ninguna culpa o cuando los más entrañables retratados ya han partido hasta el paraíso diseñado por su esperanza.

San Fabián está soleado, los sauces oscilan entre soplidos de puelches y nortes lluviosos, los pidenes pasan muy apurados entre zarzales y acequias y Cholito sigue vendiendo paramela a los turistas. Es el lento transcurrir de este valle que tanto amamos. 


Tordos en la niebla (fragmento)

Pasamos días difíciles.  En el campo, la miseria no se nota en tu apariencia sino en la de tus animales. Los perros, gatos, gallinas y cerdos se vuelven lentamente famélicos y tristes. Pero nunca puede ser tanta la  miseria como para que a un visitante no se le pueda ofrecer un refrescante jarrón de harina tostada.
Nuestra casa era una especie de posada gratuita donde llegaban a comer, conversar y pernoctar los clientes montañeses de papá, los vendedores de chivos, los retratadores, los conchenchos, parientes lejanos, pobres y ricos, socios medieros, cochayuyeros, charlatanes, místicos, mendigos, gañanes y vagabundos. Siempre había suficiente comida y un lugar para que cada uno estirara sus cansados huesos. Nunca se distinguió entre uno y otro, ni siquiera alcanzó a ser un tema de preocupación: todos eran iguales y todos merecían el mismo trato amable.

Los caballos de los visitantes eran soltados al potrero y los perros alimentados. A los burros se les descargaban los cochayuyos y sacos de charqui. Los chivos recibían agua limpia y buen pasto. Los comensales se reunían junto a un fogón a conversar y seguir comiendo hasta altas horas de la noche. Como papá no bebía ni fumaba nunca hubo alcohol ni tabaco sino grandes tazones de café, trozos de charqui, tortillas con chicharrones, muchos mates, sartenes con harina tostada encebollada y platones de sopa picante. 

Poleo mojado

Centenarias tinajas retozando en mi patio.





 El amanecer huele a poleo mojado, a intenso toronjil. El rocío cordillerano tiene la prestancia de una lluvia. Los arbustos se inclinan recargados de gotitas. Los zorzales andan en patota degustando bayitas negras, despertando a los flojonazos del valle. Los perros se desperezan fuera de sus casitas aspirando el epílogo de una niebla en retirada. La imposición solar broncea las tinajas centenarias y los besitos rinden su tributo rosado a la belleza primaveral. La tenca ensaya sobre el manzano para su ópera de las diez.

El aromático poleo mojado por el rocío cordillerano.



Integrados y fraternos

Avanzamos hacia la mezcla, hacia la integración, hacia el enriquecimiento cultural basado en la diversidad. Las tecnologías ayudaron mucho. Pudimos ver el resto del mundo en directo, la opresión de las mafias políticas, el hartazgo de los pueblos oprimidos, cada levantamiento, cada revolución. Nos dimos cuenta que las formas de aprovechamiento son muy similares. Que la política en esencia no es mala, pero que hay grupos que la envenenan para apropiarse de todo, para avasallar al resto, para rodearse de una corte servil, para imponer su locura prejuiciosa, su ignorancia indolente. Y ante ellos solo queda echarlos a patadas. Afortunadamente hoy las clases sociales se están disolviendo en su propia inconsistencia, las teorías racistas esconden la cola como perrerías sorprendidas en falta, los apellidos aristocráticos sirven para apodar a las mulas, los blancos se morenizan y los morenos se aclaran. Los ciudadanos despiertan y las oligarquías se atrincheran, o se intentan mimetizar con chamantos populistas, no sin ensuciar previamente la comida común, no sin guardarse el gran botín. Pero es cosa de tiempo. No es posible volver atrás, no es posible una restauración de las viejas formas. Las puertas de la injusticia pasada ya están cerradas.  

Lloran las parras en septiembre

Lloran las parras en septiembre. Los días están soleados. El cielo azul cobalto. Pasan golondrinas desbalanceadas, enormes nubes de Miyazaki, espectáculos movedizos de niños soñadores. Florecen los manzanos, el toronjil cuyano expande su verde claro por el jardín y los gatos campechanos dormitan sobre cajones de abejas abandonados. La felicidad primaveral se mide con cuentagotas, pero es permanente, y genuina. La jornada se alarga entre preparativos del huerto, sorbos presurosos al mate amargo, llamadas de celular y nuevos azadones sobre la tierra baldía. El crepúsculo es una fiesta anaranjada, gallinas en su primer sueño y poleos humedecidos por el rocío cordillerano.
Y para las horas nocturnas, Leonard Cohen, una copa de malbec, queso añejo y Michel Onfray, Tratado de resistencia e insumisión. Nada gira hacia la complacencia, no hay siquiera una tregua onírica, porque el mundo es una bomba de relojería.
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